• Está visto que el crimen impondrá su ley y candidatos con plata o plomo

Miguel A. Rocha Valencia

Los expertos dicen que iniciar en estos momentos una batida contra la delincuencia organizada traería más muertos y a la mejor tienen razón, pero si no se hace, llegará el momento en que sea imposible contener a los criminales que ya son dueños de casi la mitad del país o al menos de sus principales actividades económicas, cargos o servidores públicos y desde luego, las carreteras de México.

Tan es así que, a pesar de ser asesinados correligionarios del ganso, este hace mutis y no anuncia una batida tan feroz como la emprendida contra periodistas y medios de comunicación críticos, por el contrario, parece no escuchar o enterarse como sucedió con su precandidato a la alcaldía de Maravatío, Michoacán.

La verdad, no se entiende la actitud del machuchón de Palacio Nacional porque un país sin seguridad y con criminales en poder político y económico no puede crecer ni desarrollarse en paz salvo que la violencia y el sometimiento por las armas, sea parte de la estrategia para conservar un gobierno que condene a la servidumbre a muchos millones de mexicanos.

Las voces de alerta se dan todos los días; ya son 10 aspirantes a cargos públicos asesinados en apenas dos meses del 2024, un tanto igual que recibieron agresiones o amenazas y hasta el rechazo abierto y soterrado de muchos más para abanderar una candidatura. Lista que incluye al morenista Miguel Ángel Reyes Zavala y el panista Armando Pérez Luna.

Prefiere el tlatoani tabasqueño, distraerse y con ello la atención de su público con el pleito contra las agencias de seguridad y diarios estadunidenses. Una vez más, se monta en un pleito mediático del cual seguramente saldrá raspado junto con su corcholata porque del otro lado de la frontera no se la pasan jugando ni se someten al mandato presidencial como sucede en México.

No lo dicen, pero por regla las investigaciones están en curso. Para no mentir los voceros estadunidenses dicen que no las hay en torno a tal o cual año, pero no dicen las que se realizan de manera paralela por sus equipos de inteligencia, incluso del Congreso.

De los periodistas, no tienen que ir muy a fondo como sucede con el México estadunidense Jorge Gilberto Ramos Ávalos de Univisión quien con los datos del gobierno cuatrotero se enfrenta al ganso para demostrarle que nuestro país vive una violencia “histórica” y como muestra le restriega en las mañaneras los números de asesinatos y desparecidos.

Simplemente con eso pone a temblar de rabia al profeta quien para salir por la tangente sale con que tiene otros datos y que allá en Estados Unidos la cosa está peor con los 100 mil muertos al año por consumo de fentanilo y otras drogas. “Eso si es una tragedia”.

Pero al igual que con los reporteros que le publicaron los reportajes en torno a investigaciones (que si se hicieron pero se cerraron) en torno a un presunto financiamiento del cártel de Sinaloa y los Zetas a sus campañas presidenciales, no presenta denuncias legales y todo se le va a en amenazas y descalificaciones.

Para colmo ni siquiera es original al publicar la carta-cuestionario que le envió Natalle Kitroeff jefe de la oficina en México del New York Times en torno al caso e hizo público el teléfono de la periodista.

Algo similar hizo en 2015 Donald Trump con Jorge Ramos quien al igual que Kitroeff le solicitó una entrevista para Univisión ya como candidato a la presidencia de Estados Unidos. Publicó la carta-cuestionario con el teléfono del periodista.

Trump sí demandó a Univisión, acá la chachalaca nada más se queda en la discordancia del graznido sabedor de que algo o mucho hay de cierto en lo que le publican  y usa el tema como distractor de lo que realmente sucede en un país bañado en sangre y llanto y con graves problemas financieros debido a la creciente deuda que traerá como consecuencia un apretón más a los causantes con el uso de inteligencia artificial en tanto que la corrupción de sus hermanos e hijos, son solapados desde el poder.

De tal suerte que los mexicanos enfrentaremos una elección muy difícil no sólo por el entorno político y la soberbia de un sujeto que no acepta derrotas ni errores sino por la violencia que aplican los criminales que abiertamente desafían a la “autoridad moral” y legal de un presidente que se niega a serlo y con mayor razón la de los órganos electorales.