• México no caerá en la trampa populista; la 4T en caída quiere arrastrarnos 

Miguel A. Rocha Valencia 

Hay dos opiniones que no deben subestimarse en materia económica como lo hace la 4T frente a la OMS en cuestiones de salud: la del Fondo Monetario Internacional y la del Banco de Pagos Internacionales quienes advierten acerca de una crisis financiera que asoma y golpeará al país en todas sus estructuras. 

Aunque no toda la crisis es culpa de la 4T, si es responsable de no gestionar las medidas conducentes a disminuir el impacto económico-financiero del que apenas se asoman los primeros síntomas y que ya son motivo de alarma. 

Por un lado, el FMI recomienda a México posponer, no cancelar, la construcción de la refinería de Dos Bocas hasta en tanto se dan mejores condiciones para la industria petrolera para destinar recursos a cuestiones más prioritarias, “esenciales”, tales como apoyos fiscales incluso para la misma paraestatal Pemex. 

La otra es la de quien fuera gobernador del Banco de México, con experiencia en crisis económica como la que se derivó de la epidemia de H1N1, Agustín Carstens Cartens, actual gerente general del Banco de Pagos Internacionales, donde coinciden las instituciones financieras centrales de casi todo el mundo. 

Con sede en Basilea Suiza, se puede decir que el BPI es el banco de bancos que no acepta depósitos de particulares, sólo de instituciones centrales de países. 

En ambos casos la visión es que a México le falta pasar por lo peor de la crisis económica y advierten que deben asumirse medidas contingentes, incluso ante posibles bancarrotas de empresas e instituciones financieras que obligarán a la reasignación de recursos. 

Ahí estarán el desempleo, desesperación de quienes pierdan patrimonios, los más de 60 mil asesinatos y las decenas de miles de muertos por Covid-19 que habrá cuando la crisis económica alcance su punto más alto, para recordarnos que no debemos permitir más destrucción de la 4T. 

Frente a estas advertencias que consideran una caída del PIB hasta del 10.8 por ciento en 2020 y un “crecimiento” de hasta el 3.6 en 2021 si se asumen medidas que amortigüen la caída. 

No hacerlo, afectará a empresas y bancos, con sus consecuencias en empleo, no generación de riqueza, caída de ingresos gubernamentales por impuestos directos y consumo. 

Con ello no sólo serán dañados particulares, empresas y bancos sino también el gobierno que, en su necedad de desoír las recomendaciones, se condena a sí mismo. Es más, la promesa de inversiones podría perderse ante la falta de seguridad en el cumplimiento de la administración. 

Los argumentos de Carstens son muy precisos, como el hecho de que los efectos de la pandemia en la economía, la crisis, iba a ser transitoria. 

No se trata de necedades o de que desde el extranjero nos quieran marcar el paso; el mismo secretario de Hacienda, Arturo Herrera, con todo y su medianía e incapacidad para gravitar en las decisiones del tlatoani olmeca, reconoce que será la pandemia la que marque el ritmo de recuperación de nuestra economía. 

Pero la necedad de López va más allá de lo racional. Cualquier razonamiento ajeno a su realidad, no sirve, es fruto del neoliberalismo o del conservadurismo. Lo malo es que él con su familia y cercanos no sufrirán esas consecuencias, ya sea porque se han dedicado a robarse el presupuesto o porque simplemente como él, ya atesoraron lo suficiente para “librarla”. 

En lo político pagará el pontífice de Palacio Nacional, haga lo que haga, compre votos, escandalice o divida a los mexicanos o no; los distractores y el engaño no le va a alcanzar para cubrir sus locuras o incapacidades.