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  • Garrote en mano, López pide tregua y solidaridad a empresarios

Miguel A. Rocha Valencia 

Aunque se enojen los chairos y los fifís disfrazados de lo mismo para no perder privilegios ni chuleta, les digo que López Obrador nos quiere enterrar.

Apenas pidió tregua a quienes dice sus enemigos y solicitó apoyo a los empresarios y ¡tómala! les volvió a pegar y amenazar.

Primero, a contrapelo de bancos «nacionales» y otros países que piensan en la recuperación económica que se hará tan necesaria cuando pase la crisis de salud, les asestó un golpe y los amenazó con otro.

Segundo, lejos de plantear alternativas económico-financieras, se va con la fácil contra todos los cautivos: ¡paguen! Les dijo que no habrá condonaciones ni plazos, menos aún estímulos.

Lo que le pidieron empresarios fue tiempo y facilidades, no dádivas, descuentos o privilegios.

Pero eso sí, los empresarios desde los chiquitos hasta los grandotes no sólo tendrán que pagar en tiempo y forma sus impuestos so pena de cobrarles multas, recargos y hasta meterlos a la cárcel, sino que, además, deben solidarizarse con sus empleados y pagarles, aunque no tengan con qué. Lo cual nos parece bien.

Y aguas con quien contravenga la disposición de no pagar en tiempos de crisis a los trabajadores, porque, otra vez, ungirá sus mañaneras como tribunal y ahí exhibirá a quien lo haga.

Eso no es una alianza, es la ley del garrote. No vemos al estadista, al presidente que quisiéramos sino a un señor de horca y cuchillo y si eso hace en medio de las peores crisis de salud y económica de la historia reciente, imaginemos lo que haría con estabilidad.

Así no se pueden hacer llamados ni pactos a la solidaridad, aplicar la ley del embudo. La crisis económica ya está puesta derivada en mucho, a los desaciertos de este gobierno que califica a empresarios como corruptos, cómplices mafiosos de gobiernos idos y explotadores.

Sí, a la mejor lo son, pero se les necesita para generar empleo, algo de riqueza, pero, sobre todo, estabilidad económica con reglas claras y no ocurrencias que incluso incumplen la ley.

De hecho, los capitales están volando; ya de por sí estábamos en un proceso recesivo con «crecimiento» negativo y los empresarios ya no querían invertir por las ocurrencias de López. Ahora, salvo que sea por chantaje, no creemos que haya quien se solidarice con él

Deberemos estar atentos a la reacción de empresarios. Algunos, ya se fueron.

Lo malo es que todos, chairos y fifís, lo vamos a pagar.

¡Gracias señor presidente!