*Usufructúa y cobra por el nombre y el legado de su padre

Miguel A. Rocha Valencia

Tanto piso y legitimidad perdió el gachupas Paco Ignacio Taibo II (cuánta originalidad) con su imposición al frente del Fondo de Cultura Económica, que busca por todos los medios subirse al ring con quien sea con tal de tomar una notoriedad más allá de su palmarés de intelectualoide de izquierda trasnochada; imagínese sigue con el Che Guevara como santo de su devoción.

El miércoles con motivo del 85 aniversario del FCE acusó a los “periodistas chayoteros” de que a pesar de las críticas no hayan podido frenar su labor, misma que se desconoce y la que sea, no eleva el nivel de Fondo que antes estuvo en manos de verdaderos intelectuales y no de cronistas como él, precisamente muy bien pagado por organismos oficiales.

Crónicas oficiales, por cierto bastante pasables que sólo se salpican con el protagonismo del autor, su figura rechoncha y vestimenta setentera, que estaría bien para un revolucionario de izquierda, pero que cobra con la derecha, como es su caso, si no, con qué pagaría su gusto por los buenos vinos y comidas, por sus estancias familiares en lugares fifí como Las Brisas de Acapulco.  Ni hablar de las visitas y propiedades en su patria original, España.

Claro él se siente como un Pancho Villa renacentista, dispuesto a descubrir el agua tibia o crear el hilo negro, pero no se le da, por eso busca la reyerta, es bueno para eso, el léxico populachero que se mezcla con la copro, se le facilita y recurre a la ofensa desde el poder, cual característica patentada por los morenos.

Ahora ya también llama «chayoteros» a quienes lo critican, incapaz de autocrítica se siente en los cuernos de la intelectualidad y el saber, sin ver su auténtica pequeñez, tanto que debió copiar y usar el nombre de su padre para abrirse camino y usufructuar méritos que no son suyos.

Pero qué bueno que asuma el nivel que le corresponde; no tiene opciones; el sarcasmo en él se vuelve caricatura, se tornó ofensa y no una crítica que busque dialogar y dispuesto a recibir críticas o a respetar la verdad de otros, aunque estén equivocados, según su óptica.

Es al final de cuentas, otro producto de la Cuarta, sin más mérito que llamarse como lo bautizaron y usufructuar un legado que le heredó su papá, el asturiano Paco Ignacio Taibo Lavilla, cineasta, escritor y periodista de verdad.