• Dice López que su principal tarea era terminar con la corrupción, fracasó

Miguel A. Rocha Valencia

La verdad, por el bien del país y el mío, me gustaría que lo dicho por López fuera cierto, que está por acabar con la corrupción, que estamos de subida y que él es el mejor en el peor momento para México, pero los números y los hechos dicen que no.

Es más, no se ve que, quien se dice presidente esté trabajando por el país; más pareciera que sólo busca sostenerse en el poder, eso sí, a como dé lugar incluyendo romper pactos, hundir la economía, importarle nada los más de 60 mil asesinatos, los cerca de 70 mil muertos por COVID-19, y discursear todos los días durante horas, plagado de mentiras y acusaciones sin pruebas.

Lo peor de todo es que no se recurre a fuentes externas o contrarias al gabinetazo del tlatoani tabasqueño para desmentir sus aseveraciones. La más reciente, cuando asegura que en materia económica estamos bien y que vamos de salida de una crisis que según los expertos tardaremos años en salir. El mismo secretario de Hacienda, Arturo Herrera lo reconoce y justo cuando su patrón dice lo contrario.

El Banco de México y la consulta que hace con expertos apunta que, por la contracción económica y su tardanza en recuperarse, México perderá el equivalente a 2.4 billones de pesos.

Y si bien podemos hablar de recuperación de más de 100 mil empleos en la reapertura de actividad económica, la verdad es que se perdieron más de 12 millones, a los que se sumaría el déficit de tres y medio millones que se arrastraban antes de la pandemia, precisamente por la caída financiera del país en los seis trimestres anteriores al SARS-CoV-2.

Pero para centrarnos en el tema de la corrupción, la verdad es que no se ve por dónde. Para castigar a expresidentes o administraciones anteriores, López se agarra de un testigo que es hermano de su ahijado, hijo de su compadre Emilio Lozoya Thalmann, y cuyo testimonio está lleno de fallas que hasta un pasante en Derecho.

Pesa más en la opinión lo que el tlatoani dice en las mañaneras que lo testificado por el ex director de Pemex, cuyo testimonio, no vale ni el papel donde se escribió ni mucho menos todo lo que se gastó para extraditarlo.

En la actual administración, se han denunciado casos como el de la “Casa Blanca” de la ex primera dama y el consorcio de Juan Armando Hinojosa, como es el de Manuel Bartlett y su inmensa riqueza inexplicable o los contratos otorgados a su hijo por el titular del IMSS, Zoé Robledo, quien de pasadita le asignó otros a los cuates de su hermano, uno de los cuales fue compañero de bancada del propio funcionario.

Se denunció a Irma Eréndira Sandoval, la misma que debe ser custodia de la no corrupción pregonada por López, quien, junto con su marido, quien cobra en varios lugares, posee más de lo que pudiera juntar con su salario.

Igual se menciona a la titular de Energía, Rocío Nahle, a su marido y los amigos de este, con concesiones en Veracruz. Se les olvida lo del Banco del Bienestar y los 10 mil 500 millones que se iban a pagar por la instalación del sistema operativo y los cajeros.

Bueno hasta el Inegi da cuenta de que la corrupción en estos dos años de Cuarta, ha crecido.

Ni hablar de él mismo con su hermano Pío, sus hijos mayores y la protección evidente a criminales. Y claro, años de recibir dinero de dudosa procedencia y no declarar ingresos.

¿Eso es combate a la corrupción?