• López, espejo de Trump; se aferrará a la presidencia, pero ahora desde el poder 

Miguel A. Rocha Valencia 

No lo dijo un vocero de campaña, líder legislativo o simpatizante republicano, lo expresó el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo: lejos de reconocer el triunfo electoral de Joe Biden por más de 70 votos electorales de diferencia sobre Donald Trump, advierte que se prepara una transición para un segundo período de la actual administración. 

Y es que si hace 12 años el mesías tropical se declaró presidente legítimo desconociendo el triunfo (mínimo) electoral de Felipe Calderón, qué no hará ahora que él es el jefe del ejecutivo. Peor si Donald Trump da golpe de Estado y evita por la fuerza la asunción al poder del demócrata, cosa que se ve harto difícil. 

Causa escalofríos sólo pensar que el caudillo de Macuspana, ahora desde el poder, proclame fraude electoral, se aferre a la silla e impida ya no una transición como la que le sirvió en bandeja Enrique Peña Nieto, sino al menos y a regañadientes, pero que entregue la estafeta.  

No va a soltar el poder tan fácilmente. Reconocer el triunfo de otro, no está ni en su mente ni en su vocabulario. Y es que él, se siente el elegido, el patriota que necesita el país para alcanzar el sueño mexicano, aunque sea al revés.  

Es de temerse dado el comportamiento del tlatoani que se enfrenta a todos quienes no están de acuerdo con él, asegurando que son sus enemigos, “enemigos del pasado” o herederos de la ex mafia en el poder. Lo menos que les dice es que son neoliberales o conservadores, que en su retorcido proceso mental significa hijos de la tiznada. 

Bueno a los medios que no se someten, los acusa de todo, a quienes prefieren informar de la desgracia de Tabasco en vez de la corcholata que el entregó al subsecretario Jesús Seade, les dice pasquines inmundos y a los de enfrente, lo menos que les dice es que son corruptos, a pesar de que quien supura de ese mal, son prominentes personajes de la 4T, cuya lista empieza a resultar interminable y que va desde secretario de estado, directores de descentralizados y paraestatales hasta sus hermanos, cuñadas, hijos, nueras y compadres.  

No concede a nadie la razón, ni a los de casa, por eso le renuncian sus cercanos contlapaches, amigos de lucha y hasta compañeros de banca. Si no, que le pregunten a Urzúa de Hacienda, Jiménez Espriú de la SCT, Toledo, de Semarnat, Martínez del IMSS o Cárdenas (Jaime), el que por denunciar la corrupción en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, le calificó el oráculo de Palacio de holgazán y traidor. 

O sea que, llegado el momento, López estará dispuesto a desconocer a los de casa, a quienes le ayudaron a llegar al poder y lo mantuvieron “en la lucha” incluso transfiriéndole ilegalmente recursos financieros, porque el profeta, encarna el proyecto, sólo él.  

Sería momento tal vez, de que los incondicionales que aceptan el papel de lacayos, hagan sus cálculos. Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal tendrán que ver si realmente tienen la posibilidad de que, llegado el momento, su mesías abdique y deje en ellos el seguimiento de la Cuarta. La verdad, no lo creo, Habrá una consulta que proclamará la permanencia del macuspano y se ungirá como el redentor que es. 

Los visos son claros, el autoritarismo es manifiesto. Centra en su persona el caudillo todo el poder y todo el dinero. Ahí está con casi medio billón de pesos para comprar lealtades de grupos populares a través de programas sociales, más lo que se sume a costa de un país que se desbarranca, con un campo cada vez más miserable y una sociedad que se empobrece. 

Claro, la lectura de porqué el presidente de México no reconoce el triunfo de Joe Biden, es porque apuesta a la continuidad de su espejo estadounidense a quien le debe el poder, pues fue Donald Trump, quien dio su bendición para que Peña le entrega la silla presidencial al hijo predilecto de Tepetitán. De eso, no hay duda.