• Ganso superó a sus antecesores en robos, corrupción, violencia y muertos

Miguel A. Rocha Valencia

Más allá de las cuentas negativas que el ganso entregará a la historia del país, está el robo de la esperanza que millones depositaron en él convencidos de que al fin habría un cambio para mejorar y no para empeorar en los principales indicadores de México donde, por el contrario, hay marcados retrocesos como en corrupción, violencia, salud, educación, bienestar, economía, deuda pública, desarrollo.

Porque a estas alturas, las mismas encuestas que dan al mesías tropical una aceptación del 58 por ciento, indican que de los 30 millones que votaron por morena en 2018, sólo quedan alrededor de 18 millones y el resto, engrosó las filas de los arrepentidos que tampoco creen en los de “antes”. Este hecho podría tener consecuencias en las elecciones de 2024.

Y es que la percepción entre los arrepentidos donde hay desde ricos e intelectuales hasta clasemedieros, pobres y periodistas es que “todos son iguales”, refiriéndose a que buscan el poder por el poder mismo para enriquecerse, fincar carreras políticas que les garanticen posición y dinero. Por eso el surgimiento de tanto chaquetero, incluyendo al oriental jalisciense recién adquirido por morena.

Pero independientemente de la frustración de quienes creyeron en el tlatoani olmeca en cuanto al cumplimiento de promesas, está la certeza de que se convirtió en jefe de gavilla para asaltar el presupuesto público donde se valió robar siempre y cuando fuera para la causa, con lo cual, quien lo hiciera tendría impunidad absoluta al menos durante el sexenio.

Los ejemplos de latrocinios son claros, pero los que cobran dimensiones históricas son tres, aparte de los fraudes que resultaron el tren Maya con el cual se divierte en machuchón de Palacio y se olvida de la tragedia de Acapulco donde al fin y al cabo “no les fue tan mal”, la refinería de Dos Bocas que de plano no procesa nada y el AIFA convertido en un elefante blanco que nos cuesta y mucho.

Tres juguetes del profeta cuatrotero donde pone, al igual que Pemex, todos los recursos públicos en un hoyo sin fondo que nos cuesta más de 1.5 billones de pesos, sin contar las pérdidas por la cancelación de proyectos viables y rentables pero que fueron cancelados por ser idea u obra de “otros”.

Peor todavía pues ahora resulta que la administración cuatroteísta resulta no solo un fracaso, sino un pozo de corrupción que se agranda conforme termina la administración y salen a flote incluso en las glosas de los informes presidenciales como los más de 180 mil millones de los años 2020 y 2021 y se “enriquecen” con el asunto de Segalmex cuyo atraco deja chiquita a la “Estafa Maestra” y sus cinco mil millones de pesos y que, por cierto, no se clarifican.

El nuevo agregado a Segalmex cubre esa cifra atribuida a la administración de Rosario Robles en Sedesol, aunque por ahí pasó también el “Money Man” de Peña, Luis Enrique Miranda Nava.

Hoy la cifra reclamada como robo en Segalmex asciende a poco menos de 20 mil millones de pesos según la diputada María Elena Pérez-Jaén Zermeño quien atribuye la información al actual titular de la Función Pública, hecho por el cual, afirma, presentó 45 denuncias ante la autoridad ministerial federal, precisando que el quebranto ocurrió de 2019 a 2021, incluyendo a Liconsa y Diconsa.

Pérez-Jaén, secretaria de la Comisión Legislativa de Transparencia y Anticorrupción, integrante de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) e integrante de la Comisión de Gobernación aseguró que todo ese dinero no se ha “encontrado” o justificado en las 10 auditorías practicadas a las entidades mencionadas y que suman 19 mil 500 millones de pesos.

Pero además de ello, están otros rubros como los gastos realizados por Sedena en el AIFA y donde se encontraron irregularidades como la entrega a contratos a empresas fantasma o sin capacidad de proveeduría.

Ya ni siquiera se toma en cuenta que se olvidaron de la normatividad, del concurso y que se fueron por la asignación directa, sino simplemente la inexistencia de domicilios fiscales o instalaciones propias del bien o servicio demandado.

Contratos que se repartieron en todas las dependencias, comprobaciones que no se justifican ni con el servicio o el bien adquirido, tanto que, desde el IMSS hasta la SEP con los 12 mil millones de Delfina Gómez, no tienen intención en esclarecer y que curiosamente tampoco le interesa al caudillo de Tepetitán que se investigue el fin de los dineros, simplemente porque seguramente fueron para la causa.

Los autores de los desfalcos o titulares de las dependencias en entredicho simplemente hacen lo que se les ordena “lo necesario” y si los descubren, negar todo y se insiste en ello, guardar silencio y aguantar. Así lo hacen a sabiendas de que desde Palacio Nacional los cubrirá la impunidad. Esa es la cuarta, así pasará a la historia mientras el ganso, aun sueña con un lugar destacado y lo tendrá, pero en lo más siniestro.

Y ni modo, nos quedaremos sin cambio, resultaron lo mismo o peor gracias a su ignorancia, impreparación y voracidad, incluyendo los hijos, hermanos, primos, cuate y compadres. Raterotes.

Esto es apenas una parte del tiradero y robadero que deja la 4T, si hubiera justicia tendrían que ir a la cárcel.