• Pandemia crece día con día, más muertos y contagiados. López lo niega

Miguel A. Rocha Valencia

Ya no sé si es ignorancia o de plano ganas de mentirse a sí mismo, pero mientras el presidente pregona que la pandemia ya está controlada, ésta nos golpea con su fúnebre realidad; ayer mismo se registraron mil 92 muertos en un solo día y alcanzamos 3 mil 912 contagios, con lo cual ya se rebasaron los 100 mil y que pueden multiplicarse por ocho o 20 y alcanzar cifras millonarias.

Frente a ello, un presidente de gira y justificado por su corte de lambiscones que ya casi lo canonizan como mártir de la democracia y lo nombran comandante de las huestes celestiales, que envía mensaje de rompimiento de las reglas sanitarias.

Eso ya es común y puede calificarse de locura o manía, pero hay aspectos de la pandemia de los que poco se habla como lo que sucede en los reclusorios del país donde la instrucción es que no se dé ninguna información al exterior y donde el control es tan férreo como en las filas del personal público de salud, donde se obliga, so pena de perder el empleo a laborar a médicos, enfermeras y demás en condiciones desventajosas, aún con enfermedades de que los colocan en mayor riesgo.

En el primer caso, la verdad es que, de acuerdo a versiones de personal de reclusorios, a las autoridades no les importa aplicar medidas preventivas o correctivas porque simplemente no se puede o no les importa.

Por ello se habla de miles de infectados y no menos de 350 fallecimientos al menos en los reclusorios estatales y federales, ello debido al hacinamiento que ya existe y la promiscuidad que reina en los dormitorios, donde “oficialmente” no se conoce la población real en cada uno de ellos.

De hecho, existe un subregistro, nos dicen y para colmo, igual como sucede en el sistema hospitalario, también en el interior de los reclusorios de todo el país, existen cifras que no van con la realidad. El personal médico de las cárceles dice que “no se debe saber lo que ocurre al interior” y se advierte que, en caso de fugas de información, habrá investigación y sanciones. El caso es que muchos de los presos están muriendo.

En el otro extremo de la cuerda personal de salud con morbilidades adicionales, especialmente del IMSS, son obligados a laborar.

El mayor problema es en provincia, ya que en las delegaciones centrales de los estados se realizan las certificaciones y a pesar de tener enfermedades preexistentes, médicos, enfermeras, administrativos y laboratoristas son reportados como “aptos”, la opción, es renunciar.

Se entiende que la pandemia acelera día con día en vez de disminuir; que la curva en vez de aplanarse se agudiza y alarga, que se justifican las fallas en la planeación con argumentos supuestamente científicos y que en vez de ocho mil, ahora se habla de un mínimo de 30 mil muertos “si nos va bien”, en la primera oleada de COVID-19.

Reconocen las autoridades que la pandemia se alargará, que no se irá, sin que ello implique reconocer errores y que eso, obliga a echar mano de todo el personal posible. Lo que no se entiende es por qué se insiste en ocultar cifras, en mentir en cuanto a los números en los reclusorios y por qué dan datos falsos respecto a los apoyos al personal de salud.

No hablamos de premios, sino de la entrega de los implementos necesarios para enfrentar la enfermedad, si es sabida la carencia de respiradores, mascarillas, cubrebocas, trajes herméticos, medicamentos…

La verdad es que el panorama es sombrío, más porque no hay un líder nacional que nos inspire seguridad en el mañana, sino a un personaje que se oculta información y miente a sí mismo.