• Ganso nada en su corrupción e incapacidad; oposición ¿Domesticada?

Miguel A. Rocha Valencia

Con más de 180 mil millones de pesos observados por la Auditoría Superior de la Federación en la cuenta pública del pasado bienio, el gobierno del ganso no aclara, justifica o devuelve los dineros como tampoco los pendientes de los años anteriores que fueron del mismo rango y se sumaron a las pérdidas de 600 mil millones de pesos por la cancelación del NAIM independientemente del quebranto a inversiones y confianza en el país.

Esto último más la cancelación de oportunidades de crecimiento, en especial a profesionales del turismo que incluye aviación, hotelería, transportación terrestre y restaurantes algunos los cuantifican en más de un billón de dólares y años de atraso, pues de pasar a ser México uno destinos y paso más importantes del mundo, se quedó en el aldeano y bananero sueño de un mesías tropical que no cumplió promesas de crecimiento y desarrollo.

Todo esto viene a cuento por los festejos anticipados en la 4T en el sentido que México crecerá este año una vez que los inversionistas consideraron que ya no tiene tiempo el ganso de cambiar políticas como lo hizo en los primeros años y así su dinero no corre tantos riesgos.

De hecho, se considera que el país podría crecer hasta 3.5 por ciento gracias a la dinámica de inversiones fijas que apenas están recuperando su nivel antes de la cancelación del NAIM y podrán alcanzar los 35 mil millones de dólares.

El, pero es que en los primeros años “gracias” al patriótico desempeño del caudillo que a base de amenazas, chantajes, cancelaciones y políticas incomprensibles como en materia solar, hizo huir a empresas y a otras cancelar inversiones en espera de mejores tiempos como dijeron empresarios al BOfA en una encuesta. Le tomaron miedo a la chachalaca tabasqueña que, por cierto, hoy zopilotea y lo hace muy bien por allá en Acapulco porque eso de juntarse con las víctimas, nomás no se le da.

No obstante, el crecimiento se va a detener el año próximo y se calcula que cuando mucho, alcance un dos por ciento en espera de los resultados electorales.

Es decir que el promedio anualizado del crecimiento en el sexenio será de entre uno y 1.6 por ciento. NI siquiera el tan criticado en Palacio, pírrico que lograron los neoliberales de antes del 2.1 por ciento sexenal.

De eso no tiene escapatoria el caudillo de Tepetitán quien recurre a la memoria corta de los mexicanos para proclamar un triunfo administrativo que no existe y en todo caso no sería de él, sino de la propia dinámica económica de un país que por sus dimensiones difícilmente puede destruirse en un sexenio, aunque la verdad el ganso se esmeró pues es su especialidad.

Se trata entonces de una realidad que incluso los hechos de Guerrero y el huracán Otis pueden ayudar a opacar más pues la reconstrucción va para largo y las heridas dejadas en las víctimas tendrán un costo político alto sobre todo porque se ve que para el tlatoani es más importante su tren Maya de dudosa utilidad o su refinería de 20 mil millones de dólares que el destinar recursos a la reconstrucción de Acapulco, la recuperación de los daños en los municipios aledaños o dar socorro a quien perdieron todo y hoy carecen hasta de agua, comida o techo.

Peor cuando se nota el bloque institucional a las organizaciones de la sociedad civil que no tardó en responder en socorro de los compatriotas y que gracias a ello, mientras el peje salía en sus camionetas blindadas, al mismo tiempo la Cruz Roja enviaba el primer tráiler con toneladas de ayuda.

Perdido en su incapacidad para definir lo prioritario, el inquilino de Palacio no se reaccionó, no supo qué hacer mientras que los inútiles que le rodean, cual viles lacayos sólo esperaban escuchar a su dios de barro para decirle “sí señor, lo que usted diga”.

Y fue hasta cuando graznó que decidieron ir a la carretera para montar cerca de Chilpancingo el show ese del transporte militar atascado en una tina de lodo mientras todos preguntaban ¿Y los helicópteros?

La reconstrucción y recuperación será gradual, de entre seis meses y dos años, es decir ya al tlatoani macuspano no le va a tocar, aunque desde su púlpito presuma logros que no son de él, pero desconocerá fracasos.

De esa realidad no va a escapar como tampoco lo hará de la corrupción que en su sexenio se volvió sello igual que la impunidad con que cobijó a los autores como sus propios hijos, su prima, sus cuates como Ignacio Ovalle Fernández, Manuel Bartlett, sus cuñadas y hermanos.

Todo eso lo sabe la oposición que tampoco está manca, pero llama la atención si silencio y pasibilidad si por la chachalaca fuera, ya estría graznando la incapacidad, fracasos y corruptelas del gobierno sí, como auténtico zopilote, pero nada sucede incluso se comenta que a Xóchitl Gálvez ya le están pegando en los tobillos y por ello su tono mesurado y desconocido en sus declaraciones y pronunciamientos ¿Será?