• Necesitan armas para atacar al COVID-19 y defenderse de él

Miguel A. Rocha Valencia

En plena curva de crecimiento de la epidemia del COVID-19, en México, inició de hecho la fase dos de emergencia y nos encontramos con que apenas se convocó para la contratación de personal médico y de servicios hospitalarios, donde seguramente se dará lugar a todos los que corrió el gobierno federal y que laboraban ya en el sector salud.

Pocos se acuerdan que casi un tercio del personal que laboraba en instituciones federales de salud, fue despedido a causa de los «ahorros» ordenados por el presidente López, donde se incluyó a médicos, enfermeras, asistentes, administrativos, internistas y especialistas.

Por ello las carencias en hospitales del IMSS y Secretaría de Salud, se incrementaron y los servicios se volvieron deficientes. Tanto que por ejemplo un paciente que era atendido en Tulpetlac, Ecatepec, fue enviado a ¡Texcoco! porque allá había especialista, sólo uno.

Ahora es la Secretaría de la Defensa Nacional la que convoca porque «México te necesita» a personal médico y administrativo para que apoye en la presente contingencia sanitaria.

Estamos en fase dos y apenas convocaron para incorporarlos no sólo a los hospitales militares de todo el país, sino a aquéllos que, por órdenes presidenciales, se entregarán al Ejército para su administración.

Es decir que puede haber hospitales, pero no personal que los atienda. Ese si es un gran problema, porque ahora muchos de los despedidos o de nueva incorporación, son llamados a una auténtica guerra, de la cual no saben si volverán.

Se trata de un auténtico «salario del miedo» ya que ese personal será contratado específicamente para combatir la epidemia que ya nos alcanzó a pesar de que la autoridad lo negó y para la cual tuvimos tres meses para prepararnos. No lo hicimos.

No se trata de insistir en los errores garrafales de estrategia, pero si hoy, más del 55 por ciento del personal de salud no está capacitado para enfrentar este problema, menos los estarán los jubilados o retirados que ya no estaban actualizados. Muchos son adultos mayores, es decir el grupo de riesgo.

Será como enviar a ese personal a una guerra sin fusil ya que además de no recibir entrenamiento, tampoco se cuenta con los materiales, medicamentos e instrumental para cumplir su tarea.

La verdad, habrá que prender nuestras veladoras para que ese personal que, deberán ser declarados héroes, cumpla su misión sin registrar muchas bajas. Recordemos que hoy, en Italia ya son cerca de cinco mil médicos, enfermeros y cuidadores contagiados y de ellos, 33 muertos.

Por eso urge dar a nuestros soldados de la salud las armas para atacar al virus y defenderse de él; serán la primera línea de batalla. Será una lucha desigual porque hoy no hay medicamentos, están llegando tarde; las pruebas se cuentan por decenas en vez de ser miles igual que los ventiladores y las camas.

En esas condiciones los trabajadores de la salud podrían ser parte de la tragedia; esperamos que esto sea una exageración y deba reconocerlo, pero como van las cosas, el tema puede escalar a esos niveles. Muchos saldrán de sus hogares sanos, pero no saben si volverán así.

Ayudemos como sociedad; protejámonos, lavémonos las manos, cuidemos los protocolos, la sana distancia; no desdeñemos las indicaciones preventivas para no ser parte de las estadísticas y no agravar el trabajo de estos soldados de la salud que se la rifarán por nosotros.