• Para Ripley: Cifra López su esperanza en la herencia de Carlos Salinas

Miguel A. Rocha Valencia

En el más grotesco de los contrasentidos, quien se dice presidente de México confía en que la herencia del neoliberalismo, del jefe de la mafia en el poder, de su peor pesadilla, será quien saque al país de la mayor de sus crisis.

Apuesta López a que el Tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, sea la palanca determinante para superar los problemas económico-financieros del país, la huella de un tratado que urdió Carlos Salinas de Gortari con George Bush y que firmaron con el primer ministro Brian Mulroney el 17 de diciembre de 1992 y entró en vigor el primero de enero de 1994.

Dicho acuerdo denominado Tratado de Libre Comercio de América del Norte tuvo un largo trabajo donde participaron entre otros, Jaime Serra Puche, Herminio Blanco y Jaime Zabludovsky, con participación marginal de Luis Téllez Kuenzler. Puro neoliberal diría López. El TLCAN abarcaría en ese entonces a 360 millones de consumidores.

A lo largo de los años, lustros y administraciones con sus controversias, críticas y amenazas el tratado implicaba varios temas paralelos como la creación de un sistema multimodal de transporte que en México propició el crecimiento de carreteras, privatizaciones incluyendo la propiedad social de la tierra con ejidos y comunidades, empresas del Estado como Fertimex, Calmex, Anagsa, Telmex, bancos, carreteras, Concarril, aeropuertos, fin a subsidios y precios de garantía.

Se habló como la gran panacea para resolver problemas de pobreza, generación de empleo y detonar potencialidades de cada país. Al final, nuestra mayor aportación fue la maquila y una mayor dependencia alimentaria, salvo en los nichos donde somos complementarios a la producción de Estados Unidos, país que siempre ha impuesto sus “revisiones” a las reglas. Lo más reciente, la amenaza arancelaria si no detenía México a migrantes.

El llamado “cuarto de junto” o las mesas de controversias, se olvidaron, incluso las demandas por prácticas indebidas de EU presentadas ante la Organización Mundial de Comercio, nunca prosperaron.

Hoy, el tratado remasterizado y renombrado sólo dará más a México si los vecinos lo permiten. La maquila será el principal factor ya que nuestras producciones nacionales no aumentan salvo como complemento de los grandes corporativos.

Ni hablar de los subsidios al campo, ya que mientras en México se eliminaron y se acaba de quitar el apoyo a la comercialización agrícola, en Estados Unidos tienen 12 mil millones de dólares en efectivo a productores.

En ese marco será difícil; tenemos la convicción de ser complementarios a la economía de Estados Unidos y Canadá; les compramos casi todo incluyendo tecnología; les exportamos materias primas y productos terminados sí, pero con mayor componente de sus corporaciones incluyendo la automotriz, donde ni siquiera podemos acceder a patentes o tecnología propios.

Por ello, no creemos que la vigencia de esta nueva etapa del T-MEC vaya a resolver los problemas económicos y financieros de México o al menos de distribución de la riqueza.

Acá, la mano de obra, el agua, materias primas y recursos naturales a cambio de empleos cuyos salarios no serán homologados con los de “allá”.