• No habrá culpables por accidente en L-12. Aguas con Santa Lucía, Dos Bocas y Tren Maya

Miguel A. Rocha Valencia

Prisas, necedad y falta de presupuesto, convirtieron a la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo en un dolor de cabeza, que debe tratarse permanentemente a un alto costo de mantenimiento. Lo mismo podría pasar hoy con el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, que, como aquella, se construyen con criterios políticos, a contrapelo de las recomendaciones técnicas y medioambientales especializadas.

Esperemos que las nuevas obras del grupo que encabeza el Ganso de Macuspana desde hace más de 20 años en que asumió la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, además de los daños medioambientales, sobrecostos y gastos millonarios accesorios, no causen tragedias.

Sin meternos en honduras, todos sabemos que la Línea 12 o Dorada (hasta se elaboraron medallas simulando centenarios para conmemorarla) se realizó a contrapelo de las mejores recomendaciones técnicas-operativas por causas políticas y financieras. Errores de cálculo en cuanto al presupuesto, trazo y operación. Claro, hubo un alto grado de improvisación que derivaron en demandas millonarias contra empresas irresponsables.

Entre los principales errores derivados de la premura del tiempo electoral y presupuesto, fue cambiar el trazo original que contemplaba una línea bajo tierra, con túnel. Incluso para abreviar plazos, no se calculó su costo en base a un proyecto ejecutivo, sino a precio “alzado” a partir del dinero que había para ello.

Por eso se determinó cambiar a un tramo elevado aprovechando el derecho de vía lo cual obligó a cerrar curvas y obligar a la circulación de trenes férreos que ya estaban contemplados. Ese fue el principal error, es el que se ve y obliga a un gasto multimillonario en mantenimiento no sólo de columnas y ballenas, así como de rieles, y ruedas metálicas. Incluso debieron cambiarse durmientes y sujeciones con mayor resistencia al desgaste.

Si se cumplen esas condiciones de mantenimiento, la Línea 12 en su tramo elevado funciona eficientemente, pero cualquier descuido, trae consecuencias graves. Ya hubo descarrilamientos y ahora la tragedia. El tema será analizado hasta donde los gobiernos morenistas federal y local lo permitan y al final, como en una empresa criminal que se respete, no habrá culpables porque todos son cómplices y, por lo tanto, inocentes.

Ojo, si se hicieran públicas las fallas que “no se ven” de las instalaciones de esa línea, no faltaría quien arqueara las cejas como llaves sin tubería, registros “coladeras” sin tubería y faltantes que nadie nota porque no se conocen.

Cosas similares podrían ocurrir en Santa Lucía, donde los “especialistas” militares contratistas en aeronáutica, hacen cálculos a despecho de las consultoras internacionales y cambian el mapa de operaciones de las aeronaves a conveniencia de la idea del Ganso de Macuspana, quien tiene ocurrencias simplistas por su propia ignorancia y soberbio como el de escarbar un hoyo para sacar petróleo.

En ese “mapeo” o nuevo orden de operaciones aeronáutico pueden ocurrir accidentes lamentables, tragedias que luego buscarán culpables en los anónimos o en alguna víctima propiciatoria. Al fin que para eso los morenos se pintan solos; no aceptan una culpa a pesar de las pruebas de que son corruptos, nepotes, déspotas, arbitrarios y violadores de la Ley, pero lo peor: ignorantes y rateros (más que quienes ya se fueron y guardan conveniente silencio cómplice).

Ni hablar de los problemas medioambientales, la contaminación auditiva y de la atmósfera, que sin duda serán más agudos en los ex manglares de Paraíso, Tabasco, donde se levanta la refinería de Dos Bocas, ya con un sobre costo de 70 mil millones de pesos por arriba de los 180 millones que dijeron costaría al principio, sin contar los terrenos.

Es decir que de ocho mil millones de dólares en que se valuó el proyecto al principio más un ajuste de 900 millones en 2019, hoy ya supera los 12 mil 500 millones de dólares que, con un tipo de cambio de 20 pesos, da más de 250 mil millones de pesos, con lo cual, el presupuesto asignado se va para arriba y no está previsto, al menos no en lo que aprobaron los diputados con mayoría morena y secuaces. Claro, como se hizo con la Línea 12 del STC, podrían hacerse ajustes para que alcance con lo que se tiene. Aquí tampoco hubo proyecto ejecutivo previo y ya se rebasó el plazo de terminación.

Ni hablar del trenecito Maya, donde esperemos que no haya “tragedias” más allá del crimen ecológico que habrá de cobrar facturas a las comunidades que perderán no sólo la tierra, la selva, identidad, costumbres, lugares de reunión sino también el entorno que los distingue incluso como reserva de la biosfera, para dejarlos a merced de la “odiada” explotación e incorporación capitalista.

Igual aquí, los costos se elevaron; el trazo se ha ajustado varias veces y como en la 12 se improvisan tramos elevados para evitar más gastos, tiempo, conflictos, expropiaciones y oposiciones de los autóctonos y grupos ecologistas, modificando incluso los presupuestos e inversionistas.

Pero igual no hay culpables de nada, ni siquiera de violentar a las comunidades y dirigencias locales, pero, además, como ya quedamos que Morena y sus aliados conforman la nueva “mafia en el poder” y actúan como empresa criminal, no serán culpables, pues no hay quien se atreva a juzgarlos y así entonces, todos son cómplices y por lo tanto ¡Inocentes! Pase lo que pase y caiga quien caiga, obvio de los de enfrente.