• “Científicos” desautorizan tratamientos de médicos con práctica clínica

Miguel A. Rocha Valencia

Lo que nos faltaba: Ahora surgen discrepancias entre los funcionarios científicos de salud y los médicos especialistas y generales con práctica clínica.

Los primeros descalifican a los segundos por administrar medicamentos que no tienen una evidencia científica “robusta” para ser suministrados en casos de COVID-19 en cualquiera de sus diversas etapas, especialmente en las primeras.

Es decir que los médicos de laboratorio, desmienten a los practicantes quienes aplican tratamientos y de acuerdo a la evolución de los pacientes, los reiteran y salvan vidas.

En el centro de todo, están la ivermectina la azitromicina o el dióxido de cloro, que en etapas iniciales han mostrado clínicamente su eficacia en pacientes infectados por el SARS-CoV-2.

Pero eso sería lo de menos, lo demás es que a pesar de “aplanamientos” de curvas que no lo son, sino barras y círculos, el número de contagios y fallecimientos se sostienen al alza y el único método eficaz para combatir o evitar la pandemia es quedarse en casa y guardar la sana distancia, hasta en tanto no exista una vacuna que desaparezca al virus.

Ayer mismo, en el reporte se evidencia que la pandemia en América crece con más de un millón 665 mil infectados, de los cuales México reporta 317 mil 635 casos y 36 mil 906 muertes.

Estos números comparados con Japón que cuenta con un número similar de habitantes con 126 millones, resultan un insulto a la inteligencia, ese insumo del cual carece la dizque Cuarta Transformación. Allá en el Sol Naciente reportaban sólo 977 fallecimientos la semana pasada.

Y esto hace que las expectativas de salud en México se compliquen aún más; los de la Cuarta en su soberbia, son incapaces también para aceptar que se equivocan y provocan una tragedia nacional que algunos especialistas podrían llevarnos a un duelo en noviembre de este año, de 97 mil muertos a causa de COVID-19.

Justo cuando la “temporada” de influenza H1N1 esté pegando en el país y vendrá a complicar aún más el panorama de salud en México, con la agravante de que ya para entonces, las personas con otros padecimientos se sumarán a la larga fila de pacientes sin atender porque los hospitales “reconvertidos” así continuarán dado que el número de pacientes se mantendrá.

Ahí está la sumatoria diaria con un promedio de seis mil infectados diarios, con picos que rebasan los siete mil a pesar de los semáforos naranjas, amarillos o verdes.

La misma jefa de gobierno de la Ciudad de México, nos muestra lo que está sucediendo. Alejada de los lineamientos “oficiales” federales, aplica sus propios métodos de detección y vigilancia; se niega a cambiar el color del semáforo que le sugieren las camas disponibles pues sabe del riesgo que ello implica.

Sabe que, si lo hace, podrán alcanzarse niveles de contagio como Miami con 15 mil en un día.
El panorama no mejora; empeora, se enlutecen hogares, otros hasta sin casa y empleo se quedan, pero el gobierno federal se niega a aceptar que se equivocó y debe cambiar la estrategia.

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