Miguel A. Rocha Valencia

  • López renunció a ser el guía de todos los mexicanos para convertirse en mesías de una facción

Quien se ostenta como presidente, renunció a ser el líder de todos para ser jefe de un proyecto excluyente de todo aquél que no piensa como él, a quien no lo sigue por dogma con esa fe ciega e incondicional que anula voluntades y elimina el libre albedrío, la capacidad de discernir, soñador de la democracia.

Para López, él lo dijo, quien no está con él, está en su contra. NO hay más; los demás, son traidores, no caben en el proyecto y tal vez deberían ser expulsados de su ínsula imaginaria y territorial.

Quiere súbditos, no ciudadanos capaces de discernir y tomar decisiones contrarias incluso. Entonces, por definición la oposición política no es aceptada por su mente, por eso no se reúne con gobernadores o dirigentes políticos o de organizaciones que no sean filiales a Morena.

Por eso no tiene tiempo para esos gobernadores, encabezados por Enrique Alfaro, de Jalisco, que le piden cuentas de un pacto federal que el macuspano pretende ignorar ilegalmente y amenaza a los mandatarios estatales con vigilarles las manos porque los recursos según él, no deben emplearse con fines electorales.

Ese uso sólo es potestad de López Obrador, para eso manipula a su antojo el presupuesto y la nómina públicos. Por eso ordena a sus garbanceros disfrazados de gobernadores o súper delegados a que apliquen recortes a su propio gasto para así no tener que darles participaciones federales y sí, en cambio, puedan repartir dinero a manos llenas al pueblo sabio.

Moverán más de un billón 200 mil millones de pesos, casi 20 por ciento del presupuesto federal y lo que escamoteen de los salarios de la burocracia, fideicomisos, fondos de contingencias y lo que expriman de los erarios estatales. Y todo bajo el pretexto de la emergencia sanitaria que como bien dijo el mesías, le cayó como “anillo al dedo”.

De ahí que esa práctica entre los morenos, no es campaña electoral, no es compra de votos, es justicia para los más necesitados. En los otros, PAN, PRI, MC o PRD, es corrupción, por eso los van a vigilar.

Incluso se les va a castigar si piden prestado para subsanar lo que ilegalmente les niega en participaciones la federación, claro en la CDMX, Claudia Sheinbaum si se puede despachar, es de Morena y ya anda buscando cuatro mil 300 millones para seguir repartiendo dinero junto con el presupuesto, aunque ello implique pasar sobre su propio Congreso reducido hoy a simple oficialía de partes.

Y qué bueno que desde el púlpito de Palacio Nacional estigmatice el “santo varón de Macuspana” a los gobernadores que con justicia reclaman, que los latiguee y los obligue a formar bloques de los que luego son criticados por ser politiquerías, a ver si con el rejón puesto y la necesidad realmente son capaces de formar un frente que sea envidia de sus propios partidos de oposición, cuyos dirigentes, son incapaces de sumarse.

La obligación de gobernar, puede hacer que los mandatarios logren más que sus miserables dirigentes políticos que miden sus pasos por conveniencias, no por responsabilidades sociales hacia los electores.

No es lo mismo gobernar que ser dirigente. Ahí tenemos el ejemplo de López quien prefiere ser jefe de su propio movimiento y gavilla, que asumir la responsabilidad de gobernar a todos los mexicanos,

Ojalá y los golpes de quien detenta el Ejecutivo federal continúen y hasta se recrudezcan para obligar a los “otros” incluyendo poderes reales de la economía y líderes sociales a sacar las uñas, a darnos una esperanza de la cual carecemos.

Necesitamos que se sumen, que de entre ellos, surja un líder que encabece a una oposición hoy dispersa por no ser política sino social, de todos aquéllos que no nos sentimos gobernados por quien está en el poder constitucional.

Es una oportunidad de oro. Ojalá no la desaprovechen.

López ya la vio y le tiene miedo.