• A pesar de la Guardia Nacional, los asesinatos rebasan todas las cifras, incluyendo los de políticos 

Miguel A. Rocha Valencia 

Nada que presumir. A la crisis de salud que oficialmente cuesta 200 mil muertos por Covid-19, y la acumulación de asesinatos que ya superan los 75 mil en la actual administración, se suma el creciente deterioro de la economía, donde el mismo Banco de México reajusta sus proyecciones de recuperación y acentúa la pérdida de inversiones.  

Apenas terminaba por asimilarse el asesinato en Coatepec Harinas de 13 policías de la Secretaría de Seguridad y de la fiscalía del Estado de México, y se reporta una nueva balacera esta vez en Michoacán, donde fueron agredidos elementos de la Guardia Nacional. 

El mismo domingo, cuando el Ganso de Macuspana se regodeaba en Oaxaca con su promesa de campaña para regresar a la edad mínima de 65 años (como estaba cuando asumió el poder) para recibir pensión universal de adultos mayores y que con eso deberán destinarse 370 mil millones de pesos del presupuesto público, asesinaban en esa entidad a Ivonne Gallegos, candidata de la alianza PRI-PAN y PRD a la alcaldía de Ocotlán. 

Con ella, suman ya 18 aspirantes a cargo público en las próximas elecciones asesinados y son parte de los 61 actores políticos privados de la vida en el actual período comicial. 

Y mientras la mayor ola de violencia se da a lo largo y ancho del país, las Fuerzas Armadas, incluyendo la Marina, y su híbrido, la Guardia Nacional se reportan sin novedad, con la construcción de trenes, aeropuertos, sucursales bancarias y preparando personal para administrarlos. 

La seguridad de un país que se desangra y recibe censuras internacionales para que no sea visitado por la creciente violencia a la que se suma el mal manejo de la pandemia de SARS-CoV-2 que genera miles de contagios todos los días y acumula miles de muertos, secuestros, tráfico de personas la creciente violencia, queda para más tarde o cuando todo como parece ser, se vuelve incontrolable porque a sus gobernantes no les importan los difuntos, esos no votan, pero si los sufragios que se puedan comprar con dinero fiscal. 

No le interesa a los de la 4T generar empleo, riqueza o bienestar, por el contrario, entre mayor sea la necesidad y la pobreza, mejor cosecha de votos se puede conseguir con el dinero presupuestal que consolide un régimen a todas luces autoritario y perverso, donde la única Ley es la del machuchón de Palacio Nacional, la Constitución no sirve si contraviene sus deseos y si así fuera, para eso están los lacayos para modificarla y ajustarla. 

Tampoco importan al Mesías Tropical las consecuencias externas, total, si no hay inversión, no se necesita para hacer de México un país atrasado, dependiente, con cultura cerrada y sin posibilidades de alcanzar la globalización, esa que estorba porque obliga y compromete. 

Por ello, lejos de pensar en una mejora en el país, hay que esperar un empeoramiento no sólo en salud, violencia o economía, sino también en lo político donde el asedio del Ganso de Macuspana a las instituciones y personajes se hará mayor con descalificaciones, persecuciones y chantajes para intentar someterlos o desaparecerlos, incluso por la fuerza. 

También esperemos una mayor escalada contra el patrimonio y fortunas de los mexicanos; hay que quitarles a quienes tienen para repartir a quienes no hacen nada por tener, y si los capitales se van, mejor para el caudillo, se le facilitará el deterioro económico. No lo hará por ignorancia, sino por perversión, con la meta calculada de sometimiento de leyes y voluntades con “obediencia ciega”. Sólo así se entiende la 4T y quienes militan en ella. 

De esa manera, seremos un pueblo agradecido con la dádiva y si esta se incrementa mejor. El problema será que los recursos financieros no son infinitos y tarde o temprano escasearán lo mismo que las oportunidades de empleo y entonces, estaremos ante un escenario de violencia patrimonial, que seguramente ya tiene calculada el Profeta de Palacio Nacional.