Bernardo López
De nueva cuenta se vuelve a repetir un ataque contra la libertad de expresión, tras la detención de Pavel Durov, quien desarrolló, junto con su hermano Nikolái, la libre aplicación de mensajería instantánea Telegram, donde los usuarios pueden interactuar sin censura.
Se vuelve a repetir un caso similar al de Julian Assange, quien fue acusado en Suecia por presuntas agresiones sexuales, aunque el trasfondo del asunto fue la revelación de material sensible en el portal “WikiLeaks”, nutrido por cientos de documentos clasificados, de los cuales destacan los proporcionados por Chelsea Manning.
Volviendo al tema Telegram, Durov fue acusado por las autoridades judiciales de Francia por al menos 12 delitos, donde se le señala de complicidad por el mal uso de la aplicación de mensajería, algo que suena absurdo, pues haciendo una analogía, es como si a las empresas vendedoras de armas se les acusara de asesinato por el uso que le dan las personas a estos dispositivos.
Además, se le acusa de proporcionar servicios de criptología que aseguran la confidencialidad, pero que no garantiza la autentificación o un “monitoreo integral”, es decir, que la aplicación permite a las personas ser libres y poder expresarse sin que los gobiernos se enteren de lo que se dice.
Durov ya había tenido problemas con gobiernos, como el de Rusia, el cual le exigió censurar en la plataforma VKontakte las protestas del Euromaidan, un movimiento independentista y nacionalista que se originó en Ucrania en 2013. Sin embargo, fiel a su postura de protección de la privacidad, resistió la presión y no entregó los datos personales de los usuarios; tampoco modificó las políticas de VK.
Este conflicto con su red social provocó que el programador tuviera que abandonar Rusia, pues los usuarios podían enviar solicitudes de amistad a otros, quienes accedían a las publicaciones, fotos, así como interactuar a través de comentarios y mensajes directos; permitía la creación de grupos y comunidades, así como el acceso a una amplia biblioteca de música y videos -cómo no acordarnos de Napster.
Es posible que con esta acción judicial en Francia se provoque una distorsión en el espíritu de Telegram, y ahora se vuelva una red social común como las más populares de Occidente. Es primordial que este tipo de herramientas que permiten la verdadera libertad de expresión se multipliquen para que haya un contrapeso. El periódico impreso es otro canal que también debe subsistir pues no podrá ser controlado mediante herramientas digitales.

