Bernardo López
El encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Ucrania terminó en una confrontación que derivó en la imposibilidad de que se llegara a un acuerdo para terminar con el conflicto armado entre los dos países hermanados por origen en Europa del este.
Al presidente ucraniano le falta la pericia que tiene la mandataria de México, Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha logrado pilotear el país en favor de mantener una relación cordial con el presidente Donald J. Trump. Con la cabeza fría, la jefa del ejecutivo es pragmática en los momentos cruciales.
Todo iba bien en la conferencia que brindaron Trump y Zelensky, en donde parecía que habían llegado al acuerdo para que la paz llegara a los hogares de los ucranianos, sin embargo, de un momento a otro se descompuso la armonía.
En un mensaje que publicó posteriormente el republicano señaló que “el presidente Zelenski no está preparado para la paz pues, el involucramiento de Estados Unidos significa una ventaja en las negociaciones”; resaltó que busca la paz y dejó una puerta abierta al líder ucraniano para cuando esté listo para conseguirla.
El conflicto entre Ucrania y Rusia parece que no va a ser fácil de resolver en el corto tiempo pues no existe la disposición para que se decrete un alto al fuego, sin embargo, la población civil es la que sufre las consecuencias, con altos precios de los alimentos, combustibles y servicios.
Este conflicto se remonta a 2014, cuando los residentes de las regiones de Donetsk y Lugansk se negaron a reconocer al nuevo gobierno de Kiev -motivados por los problemas políticos que desembocaron en la destitución del presidente Víktor Fiódorovich Yanukóvich-, y en abril de ese año las autoridades ucranianas lanzaron una “operación antiterrorista” contra las poblaciones que mostraron su descontento por el cambio de poder.
En mayo de 2014 se llevaron a cabo referendos separatistas en Donetsk y Lugansk los cuales fueron apoyados por el 90 por ciento de la población, casi inmediatamente de ese suceso, los ciudadanos de esas regiones anunciaron su independencia de Ucrania.
Los pueblos de estas demarcaciones también manifestaron su decisión de formar parte de la Federación Rusa, además de crear órganos estatales y militares, asimismo de crear un Estado independiente junto a regiones que comprenden Jarkov y Odessa.
En Donetsk y Lugansk la mayoría de la población habla ruso, además mantienen todas las costrumbres de su país vecino, por lo tanto su afinidad política y social tiende más a pertenercer a los pueblos que componen Rusia.

