Jesús Corona Osornio
Claudia Sheinbaum ha tenido que repartir premios de primera entre morenistas que no son de su agrado, los puestos de segunda para sus leales.
En tan pocos días de gobierno, ya es posible observar que no le impusieron a nadie, todo fue un acuerdo global, entre el saliente y la entrante, podría haber un cambio.
El señor Ramírez de la O, en Hacienda, posiblemente deje el cargo para febrero del 2025, no se ve relevo en puerta.
Será un golpe muy fuerte para la economía y las finanzas nacionales, un personaje bien visto en el exterior, y sin embargo prescindible para la señora presidente.
La soberbia de Sheinbaum, la frialdad, su ausencia de conexión con el pueblo bueno y su incapacidad para empatizar son parte de sus debilidades.
Su antecesor fue un tipo rudo, vulgar, pero con un fino olfato para la política, incluso para las gracejadas, ese señor conectaba.
A Claudia en los actos públicos le acarrean una turba que le corea incesante: ¡presidenta!, ¡presidenta!, ¡presidenta!; muy notorio el acarreo, parecen coro con horas de ensayo.
Para quien supuestamente llego a la presidencia con millones de votos más que su rival más cercana, resulta un acto reprochable.
La señora Sheinbaum, no dialogará con la única oposición que queda, el partido Acción Nacional, tendrán que acudir a Gobernación con la ineficiente Rosa Icela.
No sostendrá, como lo hiciera su antecesor, un diálogo directo con el Embajador de los EEUU, Ken Salazar, esté deberá acudir a la Secretaría de Relaciones Exteriores.
La presidente a los pocos días de asumir el poder, no solo da pinceladas acerca de sus formas de gobierno, ya muestra un lienzo completo.
Mujer antipática y llena de contradicciones, su personalidad está lejos, de la imagen estereotipada que pretenden hacernos creer.
Fría, déspota, soberbia, una autócrata sin empatía, y que cada minuto demuestra que no es títere de nadie, ella trae una ruta y no se moverá de ahí.
Para Claudia, cumplir con su ideal del socialismo es su meta y nada más, auspiciada por ese mamotreto llamado Eje Bolivariano, apuntalado por China y Rusia, se siente indestructible, y de algún modo lo es.
Aquí en las páginas de Impar, está columna ha aseverado que la señora Sheinbaum es más peligros que el anterior presidente; que ella tiene método y se ha preparado dentro del socialismo.
Su progenitor político es un visceral, cuya experiencia en las lides de la política nacional le daban valor agregado.
La señora Claudia aparenta no mentir, pero lo hace, de manera idéntica que todos los populistas, científica populista.
México se ahoga en las miasmas de la podrida influencia de un socialismo trasnochado, destructor y antidemocrático, estamos hundidos, pero aún sonreímos.
La desaparición del Poder Judicial no es una venganza de nadie, es un plan impuesto en Sao Paulo y ratificado en Puebla.
En el colmo de la estulticia, el Eje del Socialismo Bolivariano, pretende dejar a Canadá y los EEUU, como únicos países en el continente capitalistas y neoliberales.
Para la Sheinbaum, su sueño de una Patria Socialista, en la interpretación de Fidel Castro del marxismo-leninismo, cuando en 2018 ganará Morena, y se instaurase en nuestro México el hedor de la autocracia izquierdista bolivariana.
Lo ha planteado está columna y los hechos le dan la razón, China y Rusia aúpan a una descolocada Claudia Sheinbaum, cuya borrachera de su nefasto triunfo la mantiene ciega.

