- El estadounidense Robert Prevost, fue electo como el Pontífice 267 de iglesia católica
La Redacción
El humo blanco salió de la chimenea de la Capilla Sixtina y, al instante, las campanas de la Basílica de San Pedro comenzaron a repicar con fuerza, anunciando al mundo entero que los cardenales reunidos en Cónclave han alcanzado un acuerdo: ya hay un nuevo Papa.
Los 133 cardenales electores eligieron al sucesor de Francisco, quien falleció el pasado 21 de abril dejando un profundo legado pastoral, espiritual y social. Con la elección del nuevo Pontífice, la Iglesia Católica entra en una nueva etapa, marcada por grandes desafíos y esperanzas.
La multitud reunida en la Plaza de San Pedro estalló en júbilo al ver la señal inconfundible del humo blanco. Fieles de todas las edades, peregrinos, religiosos, autoridades y medios de comunicación dirigieron la mirada hacia el balcón central del Vaticano, donde dentro de poco será presentado el nuevo Obispo de Roma, quien guiará a más de mil millones de católicos en el mundo.
León XIV
Nacido el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, hijo de madre de ascendencia española, ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (OSA) en 1977 e hizo sus votos solemnes en 1981.
Cuenta con una amplia formación académica que incluye una licenciatura en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Villanova, una maestría en Divinidad por la Catholic Theological Union de Chicago, y una licenciatura y doctorado magna cum laude en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum) en Roma.
A sus 69 años, Robert Prevost representa la conjunción entre experiencia pastoral, formación académica y cercanía al corazón del Vaticano. Su trayectoria eclesiástica, forjada a lo largo de décadas en diferentes continentes, lo ha posicionado como una figura clave dentro de la Curia romana, especialmente en los últimos años, cuando fue llamado por el Papa Francisco a ocupar uno de los cargos más influyentes de la Iglesia universal.
En 2023, el Pontífice fallecido lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos, el órgano responsable de la selección y nombramiento de los obispos en todo el mundo. Esta designación no fue casualidad: respondía a la confianza profunda que Francisco depositaba en él, reconociendo su sensibilidad pastoral, su compromiso con una Iglesia sinodal y su visión de un episcopado más cercano al pueblo.
Prevost ha sabido equilibrar su formación como canonista con una trayectoria misionera en América Latina, particularmente en Perú, donde sirvió como obispo de Chiclayo. Su perfil, marcado por el diálogo intercultural y la escucha, lo convirtió en una de las voces más influyentes en los procesos de renovación dentro del episcopado global.

