Bernardo López
Otra arista del problema con la siembra de maíz transgénico es el uso del glifosato, el herbicida específicamente producido para que organismos genéticamente modificados (OGM) puedan crecer sin tener que padecer la competencia de otras plantas.
En un cultivo cualquiera, además de las plantas que se siembran deliberadamente para su propagación, crecen otras especies vegetales que compiten por crecer, por lo tanto apresuran el consumo de nutrientes de la tierra y aceleran su crecimiento para tener una mejor posición en la absorción de luz.
Por eso es importante el proceso de desyerbar los cultivos, para evitar que se impida el desarrollo de esta vegetación. Este trabajo es un proceso mecánico que se realiza con la mano o con máquinas, pero en el caso de los OGM este trabajo se hace mediante químicos.
Entonces, el glifosato es rociado en los OGM para evitar que las plantas oportunistas se desarrollen, sin embargo este químico ha sido relacionado con el desarrollo de cáncer, un tipo de linfoma no Hodgkin. Por otra parte es desconocido si esta sustancia es absorbida por las plantas y llega a las semillas del maíz, que después son ingeridas por los humanos en Estados Unidos.
Se han realizado varios juicios en Estados Unidos contra el glifosato y han sido ganados por los demandantes, quienes desarrollaron cáncer por exposición. Como el caso de John McKivison, que usó la sustancia durante dos décadas.
En el caso del maíz transgénico, además de los problemas de salud, se debe proteger la biodiversidad y las variedades de maíz que consumimos en el país, como lo afirmó la mandataria Claudia Sheinbaum Pardo.
Permitir que se siembre maíz transgénico en el país significa la instauración de un monopolio, que sería el único en poder proporcionar las semillas para la siguiente siembra, mientras que hoy en día los campesinos pueden decidir que variedad de maíz quieren sembrar, además pueden conservar los granos para la siguiente temporada, sin algún tipo de condicionamiento empresarial.
Otro asunto es la importación de maíz transgénico, aunque las autoridades de México deberían abocarse en realizar investigaciones acerca de la cantidad de glifosato que se concentra en las semillas, para saber cuáles son los riesgos que representan para los animales o las personas.
Tal vez con esa investigación se podría revertir la resolución del panel del T-MEC que abordó el tema de la importación de maíz transgénico a México, y que resolvió a favor de Estados Unidos al señalarse que no había argumentos científicos para rechazar el ingreso al mercado nacional.

