• Pocos podrían asumir ante la ausencia de un gobierno incapaz e irresponsable

Miguel A. Rocha Valencia

Duro pero preciso fue el comentario del embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, sobre que en nuestro país se ven cosas muy desalentadoras para la inversión extranjera.

Incluso, cuando intentó precisar lo que dijo en un foro organizado por la Concamin, confesó que no desea ver un enfrentamiento entre el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y el sector privado ya que de esa relación depende la prosperidad de un país.

Landau dijo que los inversionistas buscan certidumbre y no hay nada peor que cambiar las reglas del juego; no les puedo mentir a mis connacionales y decir que es un momento oportuno para invertir en México cuando en varios sectores hemos visto cosas preocupantes.

Simultáneamente Banxico anunció un recorte en la tasa de interés con el fin de apuntalar el débil panorama económico. En tanto, el INEGI dio a conocer el desplome en las ventas minoristas en un 22.4 por ciento en abril, respecto a marzo. Histórica caída según calificó el propio presidente del INEGI, Julio Santaella, ya que, si se compara con el año pasado, la baja fue del 23.8 por ciento.

Frente a este panorama, al que se suma la pérdida de empleo formal e incremento del informal, así como las agresiones presidenciales a la inversión nacional y extranjera como la de Iberdrola por mil 200 millones de dólares, a quienes acusa de saqueadores, los analistas ven una cuesta arriba que podría profundizar los pronósticos del Fondo Monetario Internacional quien adelanta una caída del 10.5 del PIB.

Todo eso es malo, pero lo peor es que para quien gobierna este país, se trata de una realidad inexistente, un panorama que se veía antes de la pandemia y se agudiza con la misma. Las políticas, si así se le pueden llamar a las decisiones unipersonales de López Obrador, ya existían, por eso se acabó con el Aeropuerto Internacional de Texcoco tirándose a la basura no menos de 500 mil millones de pesos, otros cientos de miles de millones en bolsa y devaluación y se lanzó por el caño la confianza de la inversión privada nacional e internacional, de empresarios que ya desde entonces se retiraron del mercado mexicano.

Hoy, se alejan más no sólo por la cervecería cancelada en Mexicali, los proyectos de 30 mil millones en energías limpias, la de Iberdrola y muchas más, de proyectos que ya ni siquiera conoceremos.

La fuga de 35 mil millones de dólares, la caída en inversión, empleo, industrias, confianza en todos sentidos que, si se pudieran cuantificar en dinero, serían billones de dólares de bienestar y crecimiento.

NO obstante, resulta loable el esfuerzo de un personaje de la vida política nacional que mantiene diálogo con empresarios convencido también, como Christopher Landau, de que se necesita la inversión privada para que los países crezcan.

En ese esfuerzo, el actual coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, sostiene pláticas con diversos grupos empresariales, confiando en que tarde o temprano su jefe de Palacio Nacional, habrá de rectificar, arriesgándose en esa empresa a que lo acuse de traidor “conmigo o contra mí”.

Por lo pronto resiste agresiones de dentro y fuera, ya dijo que no se va a subir al ring ni con propios ni extraños, pero en un tiempo marcado no por el mesías sino por la responsabilidad política, deberá definirse.

Si ese momento llegara para Monreal, y decidiera que gobernar no es un acto de fe sino de responsabilidad no para con un mesías sino con el pueblo, veríamos si el zacatecano asumiría un liderazgo que difícilmente le disputarían las minorías divididas, desprestigiadas, mezquinas, casi inexistentes.

Eso es lo peor de todo que al panorama económico, sanitario o de seguridad, le siga uno igual de adverso en el político, con ausencia de liderazgo o dirigencias creíbles que, por lo mismo, fueron repudiadas en las elecciones de 2018.

Pocas figuras, pocas esperanzas.