Una intensa serie de ataques con misiles y drones lanzados por Irán estremeció varias de las prósperas monarquías del Golfo Pérsico, una región tradicionalmente conocida por su estabilidad, tras la reciente escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Las ofensivas se dirigieron contra bases militares, aeropuertos, zonas residenciales y puntos estratégicos en países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Catar, Kuwait y Baréin, provocando explosiones que se escucharon en diversas capitales y generando columnas de humo visibles desde distintos puntos urbanos.
Las defensas aéreas de estos estados interceptaron la mayoría de los proyectiles, pero fragmentos y restos de misiles impactaron en áreas pobladas, ocasionando al menos dos muertes y múltiples heridos, así como daños en infraestructuras civiles, incluidos aeropuertos y hoteles en ciudades como Abu Dabi y Dubái.
En Emiratos Árabes Unidos, autoridades reportaron que cientos de misiles y drones fueron lanzados hacia su territorio durante la ofensiva, aunque la mayoría fueron neutralizados antes de causar daños significativos. Sin embargo, la caída de fragmentos en zonas urbanas resultó en víctimas y en cifras de lesionados que las autoridades continúan evaluando.
En Kuwait, ataques similares afectaron instalaciones militares y aeropuertos, con varios heridos, mientras que en Catar se registraron detonaciones e incidentes que han sido descritos por funcionarios como una violación a su soberanía.
La situación ha elevado la tensión en una parte del mundo que durante décadas ha sido sinónimo de riqueza, seguridad y crecimiento económico, generando preocupación entre gobiernos y residentes, incluidos extranjeros que viven en el Golfo. La percepción de tranquilidad y protección ha dado paso a una sensación de vulnerabilidad ante un conflicto que ahora supera las fronteras de Irán y sus vecinos inmediatos.
Analistas señalan que el uso de misiles y drones en estas ofensivas marca una nueva etapa en la confrontación, con implicaciones geopolíticas y económicas que podrían repercutir en la seguridad regional y en mercados globales, especialmente en sectores como la energía y el transporte aéreo.

